miércoles, 13 de enero de 2016

Una Nochevieja bestial {Parte II}


Anna fue recibiendo uno a uno a sus amigos. A todos les brindó una sonrisa según cruzaron el umbral de la puerta. Uno de ellos llevaba un par de porros ya liados (al menos, dos para cada uno). Ese era Richard ¿Difícil adivinar tal hazaña cuando se veía en su propio rostro que estaba todo los días emporrado? Bronn traía consigo una botella de champán ¡Del caro! Pensó Anna al verlo.

Los demás llevaron cosas parecidas a confetis y demás tonterías de cumpleaños. Cristine, por ejemplo, se hizo presente en el lugar con espumilones de colores; verdes, rojos y amarillos. La muchacha, de ojos claros, miró a su amiga y al susodicho que tenía esa droga entre las manos -¡Vaya pieza! - le susurró una amiga a otra mientras todos los demás estaban lejos.


[...]


La cena transcurrió con normalidad. Antes de las 23:02, Anna y Charles estaban recogiendo los últimos platos. Aquella cena era la última del año y, por lo tanto, debía terminar por todo lo grande. Al menos, eso pensaron casi todos, envueltos en sus disfraces de ocasiones ¡Sus terroríficos disfraces!.

Repasando Había un Chuky, un esqueleto pijo, un mimo muerto y un doctor con su experimento; zombies ambos. La única que faltaba por vestirse era Anna ¿Se habría olvidado el disfraz? No. Para el bien de todos, cuando la joven terminó de retirar todo de la mesa, dibujó una sonrisa en su rostro y se despidió con un movimiento de cabeza. 

Cerró la puerta de aquella sala, dejando a sus amigos, entre risas y jolgorio colectivo, ahí dentro. Al girarse sobre si misma, la chica contempló oscuridad en aquella casa. Una oscuridad que le estaba empezando a calar hasta los huesos. Solo debía subir esa gran escalera, de piedra, y cruzar todo el pasillo hasta llegar a su habitación.

Al acercarse hasta la escalera, se fijó en la inestabilidad de la única luz que había prendida en aquella casa. Fuera de la casa estaba lloviendo, de tal manera que no se podía ver nada a través de los cristales. Pero Anna obvió ese detalle y empezó a subir escalones. Miró hacía arriba y vio como la tercera planta de aquella casa lucía hermosa, con acabados idénticos a las plantas inferiores. Entonces sucedió. Un escalón de piedra crujió ¿Crujir? Bueno, la joven pelirroja no le dio importancia y siguió subiendo hasta situarse en la planta que quería; la segunda.

Ahí fue cuando lo vio. Algo extraño. Algo que a ella no le gustó.

Continuará...

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